(Inicio-Mi Biografía)                  Historias Verdaderas, Trágicas e Innecesarias de Suicidios entre Jóvenes Gay                (English)

El Sermón   

¿Es La Homosexualidad un Pecado?
por Rev. Dr. Kathlyn James
Iglesia Metodista Unida del Lago de Washington
Kirkland, Estado de Washington, E. U. A.

1997
(Traducida por Laura Carolina Pedraza Robles
  laura_pedraza_robles@yahoo.com)



En Agosto pasado, tuvimos un domingo especial en la iglesia llamada “Temas Candentes” en el cual conteste de forma improvisada a preguntas escritas por la congregación. En esta ocasión también prometí presentar una serie de sermones a lo largo del año que abordaran las tres preguntas más importantes o recurrentes de ese día. Debo de admitir que no pude haber predicho cuales serian. Estas fueron (1) ¿Es la homosexualidad un pecado?; (2) ¿Existe el infierno? Y (3) ¿Cómo podemos perdonar? Esta mañana empezaremos a dar un vistazo a la primera; ¿Es la homosexualidad un pecado?

Como preparación de este tema, recolecte todo tipo de referencias o materiales que pude encontrar sobre el tema. Recolecté estudios denominacionales oficiales sobre la homosexualidad y la iglesia no solo de la guía de estudio de la Iglesia Metodista, sino también documentos de los Luteranos, Presbiterianos, la Iglesia Unida de Cristo. También acumule una pila de libros con títulos como "
Living in Sin?" (¿Vivir en Pecado?) por el Obispo Episcopal, y "Is the Homosexual My Neighbor?" (¿Es El Homosexual mi Prójimo? Otra Visión Cristiana) por dos evangélicos. Eventualmente tuve una pila de libros y documentos con un pie de profundidad sobre mi escritorio. Pase los días siguientes leyendo, haciendo notas, y preparando una línea de argumento para el sermón de esta mañana.

Pero aproximadamente el martes de esta semana, me detuve y me hice una pregunta. ¿Cuál era mi objetivo --- cuál es mi objetivo, al abordar este tema en el pulpito esta mañana?

Como su pastor, se que la homosexualidad es un tema sensible entre nosotros. Es un tema en el cual, como personas cristianas, tenemos diversas opiniones y usualmente sentimientos complejos. Pero también sé que es una pregunta real entre nosotros, no una pregunta teórica. Es por eso que la hicieron. Hay padres sentados aquí esta mañana que se preguntan por qué su hijo es gay, si esto significa que han hecho algo mal, si alguien más ha luchado con esto. Hay cristianos gays y lesbianas que son miembros activos de la iglesia, pero que viven en el closet por que no quieren perder sus trabajos, sus hogares o su amistad y respeto.

Hay adolescentes aquí que han contemplado el suicidio por que sospechan que pueden ser gay. Cada uno de nosotros tiene sus propios antecedentes, confusión, y experiencias en este tema. Es hora de hablar de ello.

Mi objetivo esta mañana es el iniciar la conversación. Y este es el pensamiento que me surgió el martes: ¿Cuál es la mejor manera de empezar esta conversación? No es presentando una línea lógica de argumento. ¡Así es como se empieza un debate, no una conversación! La mejor forma de empezar una conversación, en la cual quieres que los demás se sientan libres de expresar lo que esté en sus mentes, sin perspectivas de ser silenciados, es simplemente hablar desde el corazón, sobre sus propias experiencias.

Así que dejare de lado mi pila de libros y documentos esta mañana, y compartiré con ustedes al menos parte de mi propio viaje en este tema. En los meses siguientes, empezando por el “dialogo” que sostendremos hoy en la iglesia, les invito a que hagan lo mismo.

Crecí en una atmosfera de valores tradicionales. Mi familia pertenecía a una Iglesia Congregacional en la cual, semana tras semana, absorbí una idea general y básica de teología cristiana que enfatizaba el amor de Dios por todas las personas, fui enseñada que lo mas importante en la vida es el amar a Dios, y el amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos. En este ambiente, extrañamente, no recuerdo que se haya hablado una sola palabra sobre homosexualidad. Ni siquiera sé cuándo fue la primera vez que escuche el término – probablemente no fue antes de la prepa. Cuando la escuche no fue con una carga negativa—y en esto, me he dado cuenta que mi experiencia es muy diferente a la de muchas personas. Yo no crecí escuchando que la homosexualidad es algo vergonzoso o sórdido; nunca tuve una mala experiencia como el haber sido violada por una persona de mi mismo género. Solo como adulto me di cuenta del tremendo impacto que esas experiencias tan tempranas tienen en la formación de la actitud de las personas con respecto a la homosexualidad.

De hecho, nunca había conocido una persona homosexual, que yo supiera, hasta después de los veinte años. Esta combinación de influencias significo que mi actitud era básicamente “vive y deja vivir”. No veía como esto lastimaba a alguien, o como me amenazaba a mí, el hecho de que dos personas del mismo sexo quisieran amarse y vivir juntas. ¿Cuál es el problema?

No fue sino hasta el seminario, cuando tenía 30 años de edad, que este tema adquirió una cara humana para mí. Su nombre era Sally. Yo era un estudiante comunitario en la Escuela de Teología de Vancouver, con un trabajo y un esposo y tres hijos en Seattle. Manejaba hasta Vancouver los lunes y regresaba a casa los miércoles, así que necesitaba un lugar donde dormir dos noches a la semana. Sally tenía un departamento en el campus que estaba dispuesta a compartir a cambio del pago compartido de la renta. Durante los próximos tres años, Sally y yo nos hicimos amigas rápidamente.


Nunca había conocido a nadie como Sally. Por una cosa, ella era mucho más disciplinada en su vida espiritual que yo. Se levantaba a las 5 de la mañana todos los días, mientras que yo pensaba que esa hora era atea, salía del departamento a caminar o a andar en bicicleta, durante la cual oraba. Compraba su ropa en la Caridad y tenía solo cinco cambios de ropa y dos pares de zapatos en su closet. Pasaba varios días a la semana como voluntaria en una cocina publica en el centro de la ciudad. Llevaba un diario de oraciones. Básicamente, ella me avergonzaba. Pero lo más llamativo de Sally era que amaba a Dios. Se reía fácilmente, amaba la vida amaba a las personas, era graciosa y divertida. Una noche, mientras nos disponíamos a ir a la cama – cada una en su propia cama individual alineada contra la pared, con nuestras cabezas hacia la esquina y nuestros pies unos contra otros – ella me preguntó si quería orar. Yo nunca había orado con otra persona antes – al menos, no así, abriendo nuestras vidas privadas ante Dios en presencia de otra persona – y al principio yo me detenía y estaba asustada. Pero con el tiempo nos acostumbramos a orar juntas, y fue en el transcurso de esos años de oración, de ser honestas con nosotras mismas en la presencia de Dios, que Sally se acepto como gay.

No representaba ningún problema para mí que Sally descubriera esto – y debo de añadir aquí que, como muchas personas, Sally descubrió su orientación sexual; no fue algo que ella decidiera. ¿No es esto cierto para ustedes, que la orientación sexual es algo que parece “dado”? No era como si Sally se hubiera despertado una mañana y hubiera pensado, “todas las cosas parecen iguales, así que me gustaría ser parte de una minoría despreciada.” Era más un proceso de descubrimiento y de aceptación de la verdad sobre su composición como ser humano.

Pero pronto aprendí que puede ser traumático este descubrimiento. Sally primero se acepto ante Dios, luego ante su familia, luego ante el seminario, y después ante la iglesia. Yo la acompañé en este proceso. Cuando la Iglesia Presbiteriana la echo a patadas de su proceso de ordenación, yo estaba anonadada; ¿cómo podían decir que Sally no estaba calificada para ser un pastor? Era la mejor estudiante de su clase y una mejor cristiana de lo que yo nunca aspire a ser. Supe que había sido dotada y llamada al ministerio. Después Sally fue despedida de su trabajo como Directora Juvenil de la iglesia, por que alguien le mando una carta al pastor diciéndole que era gay. Todo lo que podía pensar a estas alturas era; esto es absurdo; es diabólico. Sally es grandiosa con esos chicos; ¿cómo puede la gente asumir que no es seguro que ella trabaje con ellos? ¿Por qué piensan que un hombre o mujer heterosexual sería mas seguro?

Las cosas me cayeron de golpe cuando, una mañana, cuando me encontraba en la cocina sirviéndome un vaso de jugo de naranja, mientras escuchaba a Sally llorar en su cama. Solía hacerlo en esos días. Finalmente me acerque a ella, sentándome en la orilla de la cama, y comencé a acariciar su cabello. Estaba llena de impotencia y furia contra el mundo, y de ternura por mi amiga. Me escuche diciendo “Sally, yo no sé lo que es ser gay. Pero es parte de quien eres, y si Dios te hizo así, debo decir que estoy contenta de quien eres, y que amo quien eres, y que no desearía que fueras diferente.”

Tan pronto como esas palabras salieron de mi boca, me di cuenta de algo. Había tomado partido. Sabia cual era mi punto de vista sobre este tema. Sally no se merecía ser despreciada y rechazada; era la iglesia la que estaba equivocada. Después del seminario fui designada a servir en la Iglesia Metodista Unida de Wallingford en Seattle, la cual había decidido hace años el ser una congregación reconciliadora – esto es, una congregación que públicamente apoya a cualquier persona sin importar su orientación sexual. ¡A partir de ese punto, mi curva de aprendizaje fue empinada! Una de mis primeras llamadas pastorales fue de un hombre joven que se había cortado las muñecas con una navaja de afeitar. Explico que él era un cristiano y que no podía negarlo, que también era gay y que tampoco podía negarlo, a pesar de que lo había intentado. Le habían dicho que no podía ser ambos. Su padre lo llamaba “basura humana.” No podía adaptarse. Todo lo que pude hacer, en respuesta, fue arrodillarme y pedir perdón para la iglesia, por decirle a este hombre que estaba fuera del alcance del amor de Dios.

En los cinco años siguientes, tuve muchas experiencias similares. Tuve a hombres jóvenes con VIH que me miraban con ojos huecos y preguntaban, “¿Crees que soy una abominación?”. Me senté con jóvenes a llamar a sus padres mientras morían, padres que nunca llegaron. Estas experiencias tuvieron un profundo impacto en mí. Volvía en mi mente una y otra vez, hacia mi entrenamiento Cristiano; al mensaje de que Dios ama a todos, y de que Jesús dijo, ama a tu
prójimo como a ti mismo. El no dijo “ama a tu prójimo, a menos que el o ella sea homosexual.” Nunca dijo una sola palabra sobre homosexualidad. 

Jesús paso toda su vida entre los pobres, los marginados, las personas que eran llamados sucios por la sociedad y demostrando que el amor de Dios los incluía a ellos. Los trató con compasión. Sus palabras más duras fueron para los Fariseos que creían que eran justos a los ojos de Dios y que sus opiniones eran idénticas a las suyas.

Lo que me trae a la pregunta sobre qué dice la Biblia sobre homosexualidad. No hay tiempo esta mañana para abordar a fondo esta pregunta – tendremos mucho tiempo después, en posteriores estudios y discusiones de la Biblia. Pero déjenme decir unas cuantas cosas aquí. La palabra “homosexual” no aparece en ninguna parte de la Biblia – esas palabras no se habían inventado en ningún idioma hasta los años 1890, cuando por primera vez la conciencia surgida por la gente con una orientación constitucional hacia su propio sexo.

En toda la Biblia, solo hay siete pasajes breves que hablan del comportamiento homosexual. El primero es la historia de Sodoma y Gomorra, de la cual predique el otoño pasado, la cual es de hecho irrelevante para este tema. El intento de violación en grupo en Sodoma no dice nada sobre la legitimidad del amor genuino expresado entre adultos conscientes del mismo género.


Tampoco el pasaje en Deuteronomio 23. El cual se refiere a los ritos de fertilidad de los Cananeos que habían infiltrado adoración judía. Los Pasajes I de Corintios y I de Timoteo hacen referencia a la prostitución masculina. Dos pasajes frecuentemente citados prohibiendo el comportamiento de prostitución masculina se encuentran en el libro de Levítico. Levítico también estipula que cualquier hombre que toque a una mujer durante su periodo menstrual debe de ser apedreado hasta la muerte, que los adúlteros deben de ser ejecutados, que el matrimonio interracial es pecaminoso, que dos tipos de ropa no deben de ser usados juntos, y que ciertos tipos de comida jamás deben de comerse.

No conozco a ningún Cristiano, sin importar que tan fundamentalista sea, que crea que los Cristianos están obligados a seguir las leyes Levíticas. En lugar de esto debemos de preguntarnos cosas más profundas sobre cómo interpretar de forma correcta las escrituras, como separar la Palabra de Dios de las normas culturales y de los prejuicios – esto es, como separar el Mensaje del sobre en el que viene.

El último texto Bíblico que trata sobre el comportamiento homosexual se encuentra en la carta de Pablo a los Romanos, en la cual inequívocamente condena el comportamiento homosexual. La base de su razonamiento fue la práctica común de los Romanos mas viejos de “tener” a hombres jóvenes para explotación sexual, la cual el condenó correctamente.

Pero aún si este no fuera el caso, si Pablo supiera y condenara todas las formas de comportamiento homosexual, aun las más amorosas, ¿entonces qué? Pablo también dijo que las mujeres no deben enseñar, ni cortarse el cabello, no hablar en la iglesia. ¿Seguimos sus enseñanzas? Le dijo a los esclavos que deberían de obedecer a sus amos, no una vez, sino cinco veces – estamos preparados para decir hoy, como los propietarios de esclavos Sureños (E.U.A.) argumentaban hace 150 años, que la esclavitud era la voluntad de Dios.

El hecho es que, no soy discípula de Pablo. Soy una admiradora de Pablo, pero discípula de Jesucristo. El propio Pablo dice que no debemos de seguirlo, solo a Cristo. Así que regreso, de nuevo a la vida y enseñanzas de Jesús como centro de mi fe. En esa luz todas las demás enseñanzas bíblicas deben de ser criticadas. Hay siete pasajes sobre comportamiento homosexual en la Biblia, todas las cuales son debatibles por su significado para nosotros hoy. Existen miles de referencias en la Biblia que nos llaman, como Jesús ordena, a amar a nuestro
prójimo, a trabajar por la paz y reconciliación entre todas las personas, y dejar los juicios a Dios.

Cuando era pastor en Wallingford, utilicé fundamentos bíblicos e intelectuales sobre mi experiencia de “corazón” por conocer a Sally. En esos años también llegue a apreciar a la comunidad en la cual tanto Cristianos gays como heterosexuales podían adorar juntos, cantar en coro – simplemente ser humanos juntos, tratando de crecer en su capacidad de amar a Dios y a sus
prójimos sin miedo.

Como resultado, cuando me preguntan, “¿Es la homosexualidad un pecado?”. Mi respuesta hoy es: “No.” Puedo estar mal, y pido perdón a Dios si lo estoy. Pero no creo que la orientación sexual tenga que ver con moralidad, mucho mas que ser rubio, alto o zurdo. Tanto los homosexuales como los heterosexuales pueden caer en pecados sexuales, incluyendo promiscuidad, infidelidad y abuso. Y, tanto los homosexuales como los heterosexuales pueden amarse unos a otros con fidelidad, ternura e integridad. Los mismos estándares de comportamiento moral deben de aplicarse a los cristianos, heterosexuales y gays. Eso es lo que mi experiencia como pastor me ha hecho creer.

Cuando una pareja homosexual viene a verme a mi oficina y, me pregunta, “¿Seremos aceptados en esta iglesia?” puedo contestar, “Yo los aceptaré”. Pero solo puedo hablar por mí. ¿Qué debo de decir a nombre de toda la congregación?

Debo de decir, “Si, serán aceptados aquí, mientras no sean sinceros sobre quienes son y a quienes aman?” Debo de decir, “Si, serán aceptados aquí, pero no pueden ocupar posiciones de liderazgo,” debo de decir, “Si, serán aceptados aquí, pero sin importar nada, no se tomen de la mano en la iglesia. Solo a las parejas heterosexuales se les permite hacer eso.” O tan solo debo de decir “No.” O, quizás, simplemente “Si.”

La única forma en la que podemos llegar a un consenso sobre como debe ser contestada esta pregunta es tomándonos tiempo, en el año que viene, para examinarnos nosotros mismos, estudiando la Biblia, pensando, leyendo, orando, escuchando, y compartiendo nuestras diversas experiencias de vida, preguntándonos juntos que es lo que Dios quiere que la congregación haga y sea.

Que empiece la conversación.

Amén.


Este sermón esta reproducido aquí con el permiso otorgado por Rev. James en el 9 de julio 2008. Ahora ella es  pastor mayor de Edmonds United Methodist Church (Iglesia Metodista Unida en Edmonds, Estado de Washington, E. U. A.


Have a small to medium sized project in English that you need translated into Spanish, you can count on Laura to do a great job.  Here is her e-mail address. laura_pedraza_robles@yahoo.com

 

Haga Clic Aquí para ¿Qué Es Lo Que Los Papás de Adolescentes Lesbianas y Gay (LGBTC) Necesitan Saber Sobre El Suicidio?
¿Cuáles son Las Señales de Advertencia?

-

Un Relato Corto de Jóvenes Gay ♂♂
Dios Me Hizo Así por Grant Bentley - La Iglesia esta causando mucha confusión a Zack. Su nuevo pastor no predica nada sino odio y la condenación de gays y de lesbianas, pero no importa como cuidadosamente el lee su Biblia, no puede encontrar donde dice que Dios le odia a el. ¿Cambiarán las cosas cuando el novio de Zack, Billy sugiere que todos se vayan a su iglesia en su lugar?  Clic aqui o en la imagen para leer el relato.

.  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  . 

Haga clic Aquí para leer Días de Silencio por Viv o Aquí para leer mas Relatos de Amor de Adolescentes Gay   

 



Haga Clic para ir a La Página Inicial de La Homosexualidad No Es Ni Una Elección Ni Un Pecado - Tabla de Contenidos

 


Haga Clic para ir a:

El Mensaje Cruel y Estúpido de la Iglesia Católica Romana y los Cristianos Conservadores para Una Persona Gay es:
Estas Solo, Vives Solo y Mueres Solo

 



Haga Clic para ir a Las Creencias de Un Bisexual Sobre Dios y La Religión Cristiana-Gary Lynn

Haga Clic para ir a La Pagina Inicial de Gary Lynn

Green Web Hosting! This site hosted by DreamHost.