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Un Relato Corto de Amor de Adolescentes Gay - ♂ ♂
 


Días de Silencio

Por Viv

Lucas Ridgemont

A lo largo de estos últimos cuatro años yo lo había visto probarse estilo tras estilo, nuevos looks y nuevas maneras para tratar de encajar... tantos, que yo comenzaba a preguntarme seriamente qué le había ocurrido a Lucas que una vez conocí, antes de que dejara de ser su amigo y comenzara a estar... asustado.

En cualquier otra circunstancia diría que fui egoísta, pero lo cierto es que, desde aquel día cuando estábamos en el séptimo grado y me di cuenta de que me habían sido descubierto, me he sentido asustado. Y durante los cuatro años que han transcurrido desde aquella tarde en su cuarto, he seguido igual o tal vez con más miedo que antes. Es posible que a mí me hubiera tomado los últimos cuatro años darme cuenta de que la verdadera razón por la que yo no le había dicho ni media palabra al chico que había sido mi mejor amigo desde que comenzamos la escuela era el miedo, pero lo cierto es que ahora yo lo sabía y comenzaba a sentirme cada vez más asqueado de mí mismo, con cada mentira o excusa tonta que creaba para explicar el haber puesto fin a la única relación que tuvo un verdadero significado para mí en todos mis dieciséis años de vida.

Era fácil echarle la culpa de todo a Lucas, pero la verdad era que por más que me decía a mí mismo que la culpa era suya, yo era el que lo había echado todo a perder. Fui yo el que trató de evitarlo a toda costa, el que estaba demasiado ocupado para pasar tiempo con él, ya no digamos para hablarle. Fui yo el que no respondía sus llamadas telefónicas ni le abría la puerta. Comencé a evitar cualquier sitio en el que pudiera encontrarlo y hallé maneras para ocupar mi tiempo que no tuvieran nada que ver con el que antes fuera mi mejor amigo. No era que no quisiera tenerlo cerca, que no disfrutara de cada segundo, de cada minuto que pasaba con él, pero yo tenía miedo. Miedo de lo que eso significaba, miedo de cómo me sentía. Me asustaba pensar en lo que esa situación hacía de mí y ese miedo me impulsaba a hacer lo único que pensé, podía poner un alto a mis sentimientos.

Una segregación completa y total de cualquier cosa que tuviera que ver con Lucas Ridgemont.  Lo saqué de mi vida y eso me hizo alejarme de la única persona que siempre me había aceptado tal como era, sin condiciones ni expectativas. Yo sabía bien que tenía defectos y carencias, pero a Lucas jamás le importó. No le importó que hubiera cosas sobre mí y sobre mi vida que fueran complicadas; siempre me trató como a cualquier otro. Sólo que, en cierta forma, me hizo sentir aún más especial.

Y no es que yo tuviera ningún derecho de preguntarme qué le ocurría a Lucas. Había sido yo el que lo había alejado, el que levantó aquella muralla gigantesca que ni siquiera el mejor de los mejores sería capaz de escalar, y sin embargo... me lo preguntaba. Sí me importaba. Había visto desaparecer al Lucas a quien conocía y amaba, para ser reemplazado lentamente por diferentes máscaras de otras personas.

Después de la primera vez que ocurrió, cuando él todavía estaba decidido a tratar de encontrar una forma de hablarme, aún era el mismo Lucas inteligente y hábil al que había conocido, con su cabello rubio rojizo y aquellos inquisitivos ojos verdes, pero desde entonces hasta este momento en que estaba sentado a la sombra de un enorme árbol del parque, se habían llevado a cabo algunas transformaciones realmente impresionantes.

Era como si cada año él se probara una nueva personalidad y, para el final del año escolar, estuviera agotado; usaba la pausa del verano para recuperarse y reinventarse a sí mismo para luego reaparecer cada otoño en la escuela como alguien nuevo. Y parecía que le estaba funcionando, si lo que buscaba era quedarse solo. A la mayoría le llevaba algunas semanas notar que se trataba del mismo Lucas, y por lo general era sólo su nombre cuando pasaban lista, al inicio de cada clase, lo que lo delataba.

No quiero decir que yo también me reinventé, pero, en cierta forma, eso fue precisamente lo que hice aquella tarde en la que salí de su cuarto. Actué como si nunca hubiera ocurrido. Peor que eso, actué como si él no existiera. Tenía que hacerlo. Si él no existía, entonces yo no podría amarlo, besarlo, y si eso nunca hubiera ocurrido, entonces, tal vez... sólo tal vez, tampoco sería yo gay.

El primer verano antes del octavo grado, no fue tan drástico, pero a medida que pasaban los años, creo que se hizo más desesperado por el aspecto que tenía ahora, con sus largos mechones de pelo negro que casi le cubren todo el rostro, que le separa de todos, era una prueba de ello. Al principio, trató de involucrarse en el club de teatro. Estaba en cada obra de la escuela ese año y era bueno. Estoy bastante seguro que él piensa que no me importaba, pero me sentí nervioso cuando mi clase buscó el "camino en el auditorio de la escuela para ver cada una de sus obras de teatro, yo estaba también emocionado. Era como si me permitieran estar observando todos sus movimientos, se supone que no debía estar mirándolo con lo tortuoso que era para mí, yo lo disfrutaba. Incluso si sólo fuera por una hora a la vez, esta fue una hora en la que se me permitió mirar, esta era una hora en la que debía mirar.

El noveno grado fue el equipo de natación. Su cabello creció un poco más y todo el tiempo que pasó en la piscina el cloro había convertido su cabello de un rubio arena a un rubio más claro, como es natural el pelo se aclara en el sol del verano. Yo no fui uno del equipo de natación durante todo el año. Lucas en un Speedo, tanto como me imaginaba una y otra vez, era algo que yo no me permitiría el placer de ver realmente de cerca.

Al año siguiente, el décimo grado, se unió a la banda de marcha. Tenía la habilidad de recoger todo e intentar con rapidez sobresalir y destacar en todo. Era casi irreal para mí, y mientras él pasaba horas tratando de atraparme para llevarme a su nivel de habilidad, no porque sentía lástima por mí o porque pensaba que estaba indefenso, sino porque de esa manera podríamos hacer juntos lo que fuera, estaba orgulloso de que él fuera mi mejor amigo.

El tocaba el clarinete, y mientras tuve una rara sensación de comodidad, sabiendo que él estaba sentado en las gradas, o marchando en el mismo campo en el que jugué, nunca llegué a verlo actuar, salvo en el himno nacional al inicio de todos los partidos de fútbol Americano, pero nunca voy a olvidar como se veían sus labios de color rojo envuelto suavemente alrededor de aquel clarinete de junco, o la forma en que se veían tan rellenitos, casi hinchados, cuando atravesaba el campo de juego. Ese año todos los largos mechones amarillos habían cambiado por un corto peinado de punta, me di cuenta de eso cuando llegué a ver el pelo bajo la gorra que siempre traía puesta.

Yo casi no lo reconocí hoy, sin embargo, su gorro gris oscuro se cayo de su cabeza con sus audífonos mientras bebía una botella de agua. Había una patineta junto a él y estaba acostado boca abajo sobre el pasto verde del parque en donde nos encontrábamos, pero fue la imagen de una baraja en su patineta la que me llamó la atención mientras caminaba hacia él para recuperar nuestro balón de baloncesto que había rodado hasta donde tenía los pies firmemente plantados en el suelo mientras sus rodillas se alzaron hasta su pecho.

Yo no sabía mucho de patinaje, pero su tabla definitivamente me llamó la atención, con su diseño complejo. No tenía mucho color, en su mayoría en blanco y negro, pero allí había lo que parecía ser un corazón rojo con una grieta que recorría desde abajo hasta el centro. Debajo del corazón roto simplemente decía MISTERIO. Estoy seguro de que era mi subconsciente que se había dibujado allí, pero cuando por fin logré sacar mis ojos de la imagen que aparentemente me había cautivado por un corto tiempo esto me llevó a correr sobre la pista donde estaba sentado y ubicada la pelota, decidí que era mejor decir algo, pedir disculpas por invadir su espacio cuando me acerqué.

"¡Oye, lo siento," dije, mientras hacía una indicación hacia la pelota que seguía en sus pies. "Bonita tabla," agregué mientras me agaché para tomar el balón.

Él no había dicho nada y yo empezaba a preguntarme si me habría oído aun con sus audífonos puestos, pero cuando por fin su mirada se encontró con la mía a través de la cortina de pelo negro donde él se escondía, doy un suspiro en voz alta. Esperaba que no me hubiera oído, mientras miraba directamente a sus ojos después de cuatro años.

Eran los mismos profundos e inquietantes ojos verdes esmeralda desde que repentinamente me alejé aquella tarde y luego metódicamente me alejé por aproximadamente cuatro años... hasta hoy. No ha dicho nada, pero la mirada que tenía me decía mucho.

"Justin, vamos hombre, que te estamos esperando," oí a uno de los chicos gritar desde la cancha donde esperaban mi regreso. Miré a los chicos y luego a Lucas quien me dice con los ojos que ni siquiera piense en permanecer allí con él, pero me atreví a intentarlo, antes miré a los chicos de nuevo, pero no pude hacerlo.

No podía alejarme otra vez, no esta vez.

Solo lancé la pelota para la cancha y regresé dando la vuelta, y me senté en el suelo delante de él y luego esperé. Y esperé, y esperé. No sé cuánto tiempo estuvimos sentados ahí así, uno frente al otro, sólo silencio entre nosotros, pero finalmente me di cuenta de que el sol se había puesto y era casi de noche. Casi me olvido de lo que estaba esperando un par de veces hasta que su mirada airadamente venía hacia mí con los ojos verdes acerados. Habían sido por lo menos tres horas sin hablarnos una sola palabra entre nosotros cuando finalmente se levantó para irse.

Tenia que estar en casa para la cena o de lo contrario tendría que explicar por qué no llamé a casa para decir que no llegaría, y además, era más que un poco frustrante, sentado frente a alguien por quien yo me preocupaba mucho y durante tres horas no me dijo nada. No sé por qué no le dije nada tampoco, pero tengo la sensación de que era el fuertísimo sentido de culpa que sentía cada vez que miraba sus ojos, los que me estaban desafiando a darle una explicación digna por mi comportamiento de los últimos cuatro años, y la verdad es que no tenía ni una.

La idea se me ocurrió camino a casa por el parque de que no tenía derecho a estar frustrado con él por ignorar mi existencia durante tres horas aquella tarde, a pesar de que estaba claro como el día que yo estaba sentado justo delante de él, pero entonces otra vez, yo era el capitán de eludir e ignorar lo que estaba justo en frente de mi cara. Me había escondido y lo ignoré durante cuatro años y todavía no sé que me hizo sentarme frente a el y tal vez, no sé, hablar con él hoy, y así lo hice. Tal vez fue la culpa, tal vez fue el hecho de que claramente me había visto, él sabía que era yo, así que no podía simplemente alejarme otra vez, en cambio, me senté.

Era como aquella tarde, cuando me había sentado a su lado en el piso de su dormitorio donde estábamos a punto de ver una película, nuestros lados tocándose inocentemente así como nuestras barrigas a presión en el piso alfombrado. Habíamos apoyado nuestras barbillas en alto a nuestras manos y los codos ubicados uno contra otro y nos reíamos de algo que había sucedido cuando miré su cara sonriente. Yo sabía que él era el mejor, la persona más leal que conocía, pero más que eso, últimamente me había dado cuenta de que sus ojos suaves, verdes derretían mis inhibiciones un poco más cada vez que me encontraba mirándolos distraídamente.

Nos reíamos y terminé empujándolo, lo que causó que rodara y cuando siguió riéndose de mí, todo en diversión por supuesto, decidí que alguna recuperación era necesaria justo antes de atacarlo, luchando y rodando juntos uno sobre el otro hasta que mi tamaño y la fuerza salió y sometí su cuerpo pequeño debajo del mío. Jadeábamos quedamos casi sin aliento por la lucha y cuando se dio cuenta que estaba atrapado, con las manos inmovilizadas en el suelo por mí, y cuando realmente me senté sobre su abdomen, fue que se dio por vencido.

Mis ojos se encontraron con los suyos cuando celebré mi victoria momentánea antes de que yo me perdiera en la profundidad de sus ojos de color verde oscuro, que parecía ser un libro abierto de su alma. Sentí comodidad, amor, aceptación, cada vez que los miraba, ese sentimiento fue creciendo con intensidad cada vez más. Esta vez, sin embargo, sentí las esquinas de mi boca ancharse un poco mientras él me sonreía con la cabeza inclinada hacia un lado, preguntándose qué haría en el presente estado en el que me encuentro.

"Lo que sea que vayas a hacer, sólo hazlo Justin," suplicó, probablemente, en un esfuerzo para que me bajara de su pecho lo antes posible.

Por lo tanto, lo hice. Yo estaba totalmente dispuesto a atacar de nuevo con algún tipo de cosquilleo o incluso una cosa mojada, cualquier cosa por tener algún tipo de contacto con su cuerpo, pero al final mi cerebro, o más bien mi corazón, se hizo cargo y lo besé suavemente en sus labios rojos que se separaron ligeramente para facilitar su respiración solo por un momento, el mundo se detuvo a nuestro alrededor antes de que me apartara de él, no me rechaza, no me grito, o se enojó, solo me miró sonriendo tiernamente, y mi reflejo brillaba en sus ojos cristalinos.

Yo tenía miedo. Confundido y asustado, ni siquiera tenía la capacidad de hacerle algún daño corporal, o la oferta para hacer sus tareas o deberes por el resto de mi vida a cambio de su silencio. No, en lugar de eso corrí, corrí y me escondí durante cuatro años, hasta hoy, cuando ya no pude correr más. El problema fue que, ahora que estaba listo para enfrentar lo que fui, él me odiaba, mi propia existencia lo había transformado en alguien que se escondía de todo el mundo o el miedo a rehuir con timidez.

Sus ojos eran fríos y esa misma alma que solía ver a través de sus amados ojos se endureció y ahora protegido por el escudo que había creado este año. Me preguntaba mientras caminaba a casa en el aire fresco de la noche si escogió una mirada más inaccesible de este año, una declaración más drástica, por una razón. Me gustó, sin embargo, la forma en que su pelo negro azabache contrastaba con su piel color crema, y la forma de las piscinas de jade que fueron sus ojos parecía acompañar a la perfección el conjunto que había en marcha. El delineador de ojos negro que sólo se podía ver cuando te miraba y el esmalte de uñas negro que se puso en la punta de los dedos eran tan brillantes como los tapones de lápiz que tenía en sus lóbulos de las orejas.

Recuerdo la forma en que el sol brillaba en el anillo que atravesaba en su labio inferior mientras estudiaba a la persona en la que se había convertido. A veces uno puede ver un montón de cosas sin ni siquiera mirar, habían pasado tres horas mirándolo, en serio mirándolo profundamente, esta tarde. Lo que vi en el exterior de Lucas Ridgemont era contrario al Lucas que había conocido hace muchos años, pero también vi el dolor, la ira, la realidad de que todavía no me había perdonado por abandonarlo aquella tarde, y por más que trataba de ahuyentar a todo el mundo de distanciarse para que nadie pudiera verlo, para que no pudiera ser herido otra vez, yo lo miré fijamente en la cara toda la tarde.

Creo que esto lo asustó aun más, sin embargo, la idea de que yo estaba haciendo un esfuerzo finalmente y que no sabía por qué. ¿Por qué de repente me importaba lo que sucedía con Lucas? y si de alguna manera pudiera hacer que me perdonara, si me dejara entrar en su vida otra vez, ¿qué garantía tendría de que yo no me alejaría de él otra vez, aplastando la pieza minúscula de su espíritu que se mantuvo protegido por este exterior endurecido. La verdad es que no tenía la manera de saberlo, y yo decidí que su silencio y sus fuertes miradas que claramente me decían que ni siquiera lo pensara, ni aún lo intentara, esa era su fuerte defensa.

No fue sino hasta el próximo fin de semana cuando estaba en el parque de nuevo con los chicos que vi a Lucas. Lo estuve buscando en la escuela, y yo no lo vi ni una vez el lunes o el martes ni el miércoles, empecé a tener la sensación de que se estaba escondiendo de mí, aunque, como pensé en los últimos meses, No pude recordar un momento en el que lo había visto. Ese pensamiento era desconcertante suficiente para que me preguntara si en realidad todavía seguía asistiendo a la escuela, y para el viernes me había casi dado por vencido, cualquier idea que tenía de que alguna vez lo encontraría en la escuela.

Supongo que podría ir y tocar su puerta y actuar como si los últimos cuatro años no hubiera sucedido nada, quiero decir, que sólo vivía en la casa detrás de la nuestra, pero no parecía un buen plan tampoco. Mi padre y Lucas había instalado incluso una puerta entre los dos patios traseros para que no tuviera que ir todo el camino alrededor de la cuadra cada vez que queríamos ir a la casa de cada quien o cuando ya era hora de irse a su casa todo lo que tenía que hacer era caminar a través de la puerta de la cerca.

Pero a medida que lo vi deslizarse sin esfuerzo a lo largo de esa tarde de abril por el parque, la camisa metida en la parte trasera de sus pantalones que fluye detrás de él permitiendo que el calor del sol brillara en su piel, se me ocurrió que era impresionante. Su cuerpo era delgado, no es que se notara en toda la ropa que normalmente llevaba puesta, pero el día de hoy el sol estaba lo suficientemente caliente como para persuadirlo a compartir ese momento conmigo. Su cabello emplumado en el viento como yo lo observaba, preguntándome cómo podía ver a dónde iba detrás de todo ese pelo, y lo que se sentiría tener su pecho desnudo y peludo contra el mío.

Quería gritarle, y tuve una fantasía en mi mente que iba a oír que lo llamaba, y me montara y me sonriera, y todo el dolor de los últimos cuatro años sólo se derriten con el poder de un solo beso, como el que causó que todo esto empezara. Era como si todo hubiera dado un giro completo, pero no lo llamé, no me montó, y nosotros definitivamente no nos besamos. No, en lugar de eso lo mire fija y abiertamente, y él ignoró mi existencia, como de costumbre.

Jugamos nuestro juego, recorriendo arriba y abajo la cancha de baloncesto más de lo que me importaba contar, hasta que el sol con un color naranja intenso colgaba bajo el cielo. Me dirigía a casa, caminando y disfrutando de la forma en que la brisa fresca de primavera pegaba contra mi piel pegajosa antes de detenerme en la fuente de agua potable para beber. Lo vi con el rabillo de mi ojo en primer lugar, antes de que mi curiosidad se impusiera y yo levanté la cabeza lamiendo las gotas restantes de agua de mis labios, reconociendo su forma de cruzar los brazos bajo el mismo árbol en el que nos habíamos sentado el pasado fin de semana.

Me volví, en la dirección opuesta al camino que lleva a mi casa, preguntándome todo el tiempo por qué iba a ponerme en esto otra vez, hasta que me encontré de pie frente a él otra vez. Él no me notó con los ojos cerrados, su cabeza recostada contra el árbol, y yo lo observaba, su pie tocando sólo ligeramente al ritmo de cualquier canción que estuviera escuchando. Decidí no interrumpirlo, se veía tan sereno allí, y eso me atrajo de una manera mucho mayor que las miradas que había recibido de él el pasado fin de semana.

Parecía que a veces él quería que yo creyera que él no sentía nada por mí, sólo un lugar hueco, un lugar vacante, restante al que utiliza para almacenar sus emociones con respecto a mí, y en otras ocasiones quiere hacerme saber que está muy enojado, dañado aún hasta el día de hoy tanto que me odiaba por lo que le había hecho. Decidí que prefería lo último por que por lo menos el sentía algo.

Él estaba más que un poco sorprendido cuando por fin abrió los ojos y me encontró sentado pacientemente delante de él antes de la más mínima apariencia oculta de confusión, enmascarada por el brillo acerado que había perfeccionado. Fue el breve momento en el que abrió la boca como si fuera a decirme algo, probablemente algo equivalente a 'vete a la mierda y muere," antes cerró de nuevo la boca con determinación. Una vez más, nos sentamos allí, yo lo observaba, tratando de encontrar hasta el más mínimo trozo del Lucas que yo había amado una vez y arrebatarlo de nuevo y nunca dejarlo ir, y él, luchando por su vida, como luchando por auto defenderse hasta el final.

Del mismo modo que fue la semana anterior, llegó el momento en que tuve que levantarme e irme a casa. Odié que no fuera lo suficientemente listo como para pedirle a mi mamá si podía dejar la cena esta noche en caso de que me tope con él otra vez, pero yo no cometeré el mismo error otra vez. Odiaba alejarme de él. Casi sonrió, de manera maliciosa, cuando me vio inquieto, diciéndome que tenía que irme y que estaba por lo menos intentándolo, aunque se negó a hablar conmigo, pero sentía la culpa cada vez que de hecho me puse de pie y me alejé.

"Tengo que irme," dije claramente, a pesar de que tenía muchas ganas de sentarme aquí todo el tiempo que fuera necesario, la batalla de voluntades continuaban. "Puede ser que te vea en la escuela," yo le dije mientras me puse de pie. El no me reconoció ni tampoco mi declaración anterior y ahora estaba herido. Fue la frustración en primer lugar, y luego tal vez una aceptación o comprensión de algún nivel, pero a medida que pasaba el tiempo, solo hería. ¿Alguna vez la semana que viene? Le pregunté sacando la carta de triunfo que había dejado con una sonrisa maliciosa en mi cara que le dijo que estaba medio bromeando, y luego caminé para mi casa, solo.

Fue por el próximo fin de semana que tuve que aprender a través de una firme determinación, que Lucas, en efecto, todavía asistía a la misma escuela que yo, aunque nunca lo vi. Yo había comenzado a buscarlo en lugares en los que pensé podría estar, lugares donde pudo haberse ocultado. Revisé los diversos grupos; los chicos patinadores, los godos (goticos), la biblioteca, el auditorio, e incluso la oficina del director de banda, en cualquier lugar que pensé que podría estar, pero no lo vi en toda la semana. Yo había estado preguntándole a la gente también por lo que me ganaba algunos desconciertos y confundidas miradas, supongo que era de esperarse, sin embargo, desde hace cuatro años que le he dicho a la gente que se ocupe de sus propios negocios o peor aún cada que me preguntan acerca de lo que hay entre nosotros.

Pero este sábado por la tarde, decidí que tenía que intensificar mi juego un poco. Llegué al parque alrededor de las diez de la mañana, y pasé las canchas de baloncesto. Los chicos me pidieron que jugara, asumieron que estaba allí como cada sábado, pero hoy me negué. Se quedaron confusos, probablemente pensaron que estaba perdiendo el juicio, me acerqué al mismo árbol en el que nos habíamos sentado debajo los últimos fines de semana y me senté.

Salí de su espacio contra el árbol sin tocarlo, y en su lugar, tomé mi lugar habitual frente a él, sólo porque no estaba allí, me quedé a mirar el árbol. Me senté allí, manteniendo mi vigilia durante horas de la tarde hasta que escuché el inconfundible sonido de las ruedas en la acera. Me obligué a no voltear, no importaba lo mucho que yo quería ver la expresión de su cara, pero cuando las ruedas se detuvieron justo detrás de mí, donde el pasto se une con el pavimento sonreí, sólo por un segundo, pero sonreí.

Para no ser menos, se acercó y tiró su tabla en el césped y se sentó, recostándose contra el árbol que ocupa su espacio normal. Sus ojos se cruzaron con los míos por un segundo, tan fuerte como trataba de fingir que no estaba allí, antes de que él mirara hacia otro lado. Vi los pequeños matices que lo hizo ser Lucas, y me di cuenta de que hay algunas cosas que no puedes reprimir, no importa cuánto te esfuerces.

Yo sabía que era presuntuoso de mi parte pensar siquiera que en realidad podría decirme algo, aunque haya sido solo para decir que me vaya al infierno, o que me informara lo muy cobarde y lo muy egoísta que soy, y mucho menos alguna vez ser capaz de perdonarme o considerarnos amigos otra vez, pero tenía que intentarlo. Yo necesitaba algo de él, y yo sabía que mi acción aquellos cuatro años le habían hecho daño, lo confundió, y al parecer casi destruyó el Lucas que había conocido y amado.

La primavera llegaba a su 'final, y hacia mas calor esta tarde de lo que había estado en mucho tiempo. La cálida brisa soplaba, dando vueltas a nuestro alrededor en un esfuerzo por recordarnos que el verano estaba iniciando a su modo. Me pregunté mientras me sentaba por allí esa tarde, donde pasaba la mayor parte de su tiempo, lo que hizo con sus días y noches, y a donde viene tan puntual como reloj cada sábado por la tarde antes de que él se sentara debajo de este mismo árbol.

No tenía derecho a pedir, y yo estaba bien consciente de que si lo hiciera, simplemente no respondería, así que opté por no molestarlo más. Él me hablará cuando esté listo y no antes y además yo estaba esperando con curiosidad por ver cómo iba a reaccionar cuando no se levantó y lo deje hasta que lo hiciera. Me aseguré de que mi madre supiera que yo estaría fuera todo el día y no me esperaran para cenar.

Así que me senté allí, desde las diez de la mañana solo hasta que llegó y se sentó frente a mí en silencio. Parecía estar esperando con ansia que el sol bajara lo suficiente para que pudiera levantarme y alejarme de él otra vez como lo hice desde hace dos sábados, pero que no iba a suceder hoy. En lugar de eso me preguntaba por cuánto tiempo nos sentaríamos aquí, ya que oscureció más y más hasta que el cielo era tan negro como su pelo.

Era extraño, después de que nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad, lo mucho que todavía podía ver realmente sentado bajo las estrellas. Las sombras sutiles creadas a partir de la luz de la luna suave en nuestras caras, era magnífico. Nos sentamos allí, y usé cada músculo de mi ser para no echarle un vistazo a mi reloj. Si tuviera que, me habría dado cuenta de que había estado allí por casi doce horas y ahora no era de extrañar que cuando finalmente se puso de pie, de mala gana tener que ser el que toma la decisión de dejar este tiempo, que casi me caigo al suelo cuando traté de ponerme en pie yo también.

Sus ojos se abrieron un poco, tal vez por la impresión, tal vez por curiosidad, a demás preocupado, yo esperé que así fuera, pero él no se movió para ayudarme mientras trataba de no perder el equilibrio. Una vez que me mantuve estable y de pie por mi cuenta sin la ayuda del tronco del árbol pasado todo el día, se dirigió hacia el pavimento, con su patineta en la mano. Yo seguí en silencio.

Cuando llegamos a la acera estaba seguro de que caería su tabla y se desharía de ella, pero no fue así, en lugar de eso continuó caminando a sólo un paso delante de mí con su tabla bajo el brazo. Así Nos movimos en silencio de camino a nuestras casas, y cuando entramos a nuestro barrio estaba un poco más que sorprendido cuando seguía por mi calle en vez de caminar una calle más a la suya, pero aún lo seguía diciéndole con mis pasos que yo todavía estaba detrás de él.

Dos cosas se me ocurrieron mientras nos acercábamos al frente de mi casa esa noche. Se aseguraba de que llegara a mi casa de forma segura, y me pregunté ¿cuando fue la última vez que había visto este lado de mi casa? Hoy fue cuando supe que debía cortar el césped del jardín del frente de mi casa mañana. Cuando se detuvo, me detuve, y lo oí suspirar, probablemente frustrado por mi falta de voluntad para darme por vencido, y por no ser capaz de preocuparse por mí, por mucho que lo intentara.

Me estremecí ligeramente en el aire fresco de la noche, pues no quería que se fuera, pero sabiendo que era inevitable al mismo tiempo. Finalmente, después de lo que estoy seguro que fue sólo un minuto o dos, aunque sentí como una turbulencia eterna en mi mente, empezó a dar un paso hacia mi puerta trasera. Supuse que pensó que podía pasar por la puerta que nuestros padres habían puesto hace tantos años y llegar a casa tan pronto como le fuera posible, ayudando par que la noche llegará a su fin.

"Espera Luke," dije, extendiendo la mano para tomarlo del brazo y detenerlo. Eso me costó una mirada de hielo mientras quitaba mi mano de su brazo, al igual que mi toque fue doloroso para él físicamente. Tal vez eso fue la causa, o tal vez fue porque lo llamé Luke como siempre lo llamaba y hace poco que él insistió en que todos lo llamaran Lucas y no Luke.

"Lo siento" - suspiré, empujé mis manos en los bolsillos en un intento de mostrar que no trataría de tocarlo otra vez. "La puerta está bloqueada, ha estado así por años." Admití. “Moveré las cosas mañana," le ofrecí, fue un poco tarde. Dejó caer su tabla en la acera, puso su pie encima como sentándose, listo para el despegue.

"Luke, espera," casi rogándole, tenía mucho que decir y sabiendo ahora que no era el tiempo para eso, "... gracias por no dejarme allá atrás."  Lo miré hasta que desapareció en la esquina antes de entrar, agotado y hambriento.

A la mañana siguiente me levanté muy temprano a cortar el césped de enfrente, y no paré hasta terminar, entré en el patio trasero cumpliendo mi promesa a Luke. Me despejé de todas las cosas que había logrado apilar delante de la puerta que alguna vez utilizamos varias veces al día. Y ya que pude, abrí la puerta, mirando su patio trasero totalmente incómoda la sensación de hacer esto, después de que habían pasado cuatro años desde la última vez que la vi.

No vi a Lucas esa mañana mientras me alejaba por fin, dejando la puerta ampliamente abierta. Estaba seguro de ver que sin embargo sabría que yo había hecho lo que dije que haría. Esa misma tarde mientras estaba sentado en la sala viendo la televisión vi algo de movimiento en el patio trasero por el rabillo de mi ojo y cuando volteé a ver quien estaba pasando, lo vi.

Estaba de pie en el portón, casi se niega a pasar por allí, mientras observaba mi patio trasero de nuevo por primera vez mucho antes de que sus ojos se fijaran en los míos. Su expresión era indescifrable como él me miró a través de la ventana grande, y después de unos momentos extendió la mano y arrebató la parte superior de la puerta, tirando de ella cerrando con fuerza.

No vi a Lucas en toda la semana otra vez, y no hubiera sido por la falta de tratarlo bien. Anduve por toda la escuela sin haberlo encontrado, o incluso a alguien que me dijera dónde podría estar, pero no me iba a dar por vencido. No es que yo no supiera dónde vivía, y sabía que al menos tenía que volver a casa en algún momento.

Me pregunté si algún día podría hablarme otra vez, y si lo hiciera, cuáles serían sus primeras palabras después de tantos años de silencio. Por supuesto, esos años de silencio y de soledad eran lo que yo quería, pero ahora quería más. Quería pedir disculpas, yo quería que entendiera que, si suena estereotipado, no era él, era yo. Yo quería que él supiera que nunca quise hacerle daño, o para hacerle sentir que debía ser alguien que no era. Yo quería... su perdón, asegurándome de no haber manejado aquel Lucas que alguna vez conocí y he amado por siempre.

Tal vez suena egoísta, y es probable que lo sea. En cierto modo, como “sacándome de un apuro,” sabiendo que yo no tenía la culpa de todas sus recreaciones. La realidad sin embargo, es que sí era. Era responsable de todo. Yo era el asustado, el que era demasiado egoísta y demasiado miedoso, envuelto en sus propios sentimientos para ser honesto. Yo no podía aceptar que yo tenía sentimientos iguales a los de otros chicos adolescentes, y mucho menos admitirlo y aceptar que yo era gay, ¿cómo iba a ser capaz de hacerle entender sin que no me odiara?

Mañana es su cumpleaños, nunca lo olvidé, 27 de abril, y en secreto le deseé que fuera feliz todos los años desde el último que celebramos como mejores amigos. Los chicos tienden a dejar de tener las fiestas de cumpleaños a medida que envejecen, y lo cambian por salir con los amigos o ir a algún lugar para celebrar, y aunque no tenía idea de lo que había planeado para su cumpleaños, no quería estar a punto de perderme otro.

Había estado en el centro comercial, en busca de un regalo por su cumpleaños, pero rápidamente me di cuenta de que no tenía absolutamente ninguna idea de lo que podría regalarle. Había cambiado mucho en los últimos cuatro años, que yo no tenía ni idea de lo que sería un buen regalo. Me negué a conformarme con algo barato o cursi como un CD o una camiseta, aunque yo estaba seguro de que podría encontrar algo que pudiera disfrutar, no estaba seguro siquiera si aceptaría mi regalo, pero esas cosas, los irrelevantes que sólo reflejan el Lucas que había mirado en los últimos tres sábados no eran aceptables para mí, de hecho, casi hiriente de algún modo.
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Yo estaba sentado en la manta que había puesto en el suelo, la puerta de la cerca se mantenía abierta con un pequeño ladrillo que encontré por ahí en el terreno de flores en nuestro patio trasero. La manta se puso entre los dos jardines mitad y mitad, y me senté en mi lado tratando de no invadir su espacio mientras esperaba. No tenía idea de cuáles eran sus planes, o incluso si pensaba volver a casa esa noche, pero estaba totalmente preparado para sentarme por ahí toda la noche si ese era el tiempo que tendría que tomar.

En algún momento, mientras yo me cobijaba con mi chaqueta, en un intento por mantenerme caliente, vi a su mamá asomar la cabeza por la puerta de atrás. Ella me dedicó una pequeña sonrisa de comprensión cuando me vio antes de retirarse al calor de su casa, cerrando la puerta, me dejó la luz del portal encendida. Era una noche clara y las estrellas que brillaban sobre mí de alguna manera me dieron calma mientras permanecía sentado allí, esperando a Lucas.

Miré a mi izquierda, donde la canasta de día de campo que había preparado con un pastel pequeño de cumpleaños y un poco de chocolate caliente esperando. Decidí no ponerlo todo a la vez. yo preocupado porque pudiera pensar que yo estaba tratando de comprar su perdón o la culpa que había en él , así que sólo tenía la pequeña caja, cuadrada y blanca con el lazo rojo en la parte superior colocada delante de mí y esperando que él saliera y se sentara, y tal vez incluso abrir la caja.

Alrededor de las once treinta la luz del portal de atrás se apagó y yo empecé a preocuparme. Sólo un minuto más tarde vi el parpadeo de la luz de arriba, en su habitación y su silueta cruzando por la habitación. Yo solamente me he permitido mirar con nostalgia por un minuto antes de verme obligado a darle algo de privacidad. Me preguntaba si siempre supo que estaba sentado aquí antes de darle una mirada más a la ventana iluminada.

El me miraba aquí abajo a través de la ventana mientras retrocedía las persianas lo suficiente, atrás de ellas encontré esa mirada de hielo que se había vuelto tan familiar durante las tres últimas semanas cuando mis ojos se encontraron con los suyos. Miré de nuevo la caja, deseando, y esperando que viniera y se sentara conmigo y me desanimé cuando miré de nuevo que regresaba a su cuarto caminando a su habitación antes de que mirara la habitación oscura. Debí haber sabido que era una posibilidad, más que una posibilidad, era probable, que no iba a venir a encontrarme, pero yo traté de tener una mentalidad positiva.

Otros diez minutos pasaron antes de que viera la luz del portal volverse a encender. Fueron los diez minutos más largos de mi vida y cuando se paró por primera vez en la puerta poniéndose la chaqueta, me sentí aliviado, pero luego decidí rápidamente mientras estaba allí, en silencio de la noche, que tal vez no iba a venir, en lugar de eso iba a cerrar la puerta en mi cara. Realmente no lo sabía, sentí un alivio cuando vi la luz del portal encenderse nuevamente ver su cara aparece por detrás de la puerta pero sentía que la preocupación, el miedo y la ira me tragaban nuevamente.

Siempre estaba enojado conmigo por dejar que esto llegara hasta aquí, está fuera de control. Esto tiene que ser el modo de expresión disimulada del siglo, me regañé, mientras me concentraba de nuevo en la caja que estaba delante de mí. Eran las once cuarenta y cinco cuando por fin vi sus pies, cómo se puso de pie en frente de la sábana, decidiendo si debe sentarse o renunciar y no sentarse. Sólo debo supéralo, me di cuenta de que nunca me va a perdonar o hablar conmigo, nunca escucha mis escasas explicaciones, mi pobre excusa por los años de angustia, dolor y destrucción a las que lo había sometido.

No estaba seguro de si el suspiro de pena enmascarado por la molestia o mi suspiro de verdadero dolor e impotencia fueron más notables, pero de repente me importaba cuando lo vi sentarse frente a mí. Él no dijo nada al principio, probablemente esperando que yo dijera algo, para explicar exactamente el infierno que yo estaba pasando, pero no lo hice, las palabras no me salían, por lo menos no hasta después de quince minutos.

Finalmente, después pasé los dedos suavemente por el lazo rojo en la parte superior de la caja, lo sostuve para él. De mala gana, lo tomó de la palma de mi mano abierta donde estaba mí ofrenda, y actuó como si estuviera aceptando algo manchado. Miré hacia arriba y encontré su mirada fija en la mía en lugar de la pequeña caja que ahora sostenía en su mano, interrogándome. Yo sólo me permití suplicarle en silencio, para que entendiera, que abriera la caja, para que me diera una oportunidad.

"No puedo creer que recordaras," dijo en voz tan baja que casi no lo oí. Quería gritar que yo no había olvidado nunca, que yo le había deseado felicidad y fuerza cada cumpleaños que me perdí, que casi me muero por no poder decirle lo mucho que me importó en los últimos cuatro años, pero no lo hice. Salió y se sentó. Y aceptó mi regalo y habló incluso, todavía me preguntaba si las palabras eran para mí o para él.

Con cuidado, como si al abrir la caja que tenía podría causarle algún daño, le quitó la tapa. En el interior había un brazalete con una banda de cuero negro. La cara de plata fue grabada en negro que simplemente decía, VERDAD. Él me miró confundido, pero para mí era claro que le estaba ofreciendo la verdad, si él la quería, y yo quería, pidiera escucharla. Levantó la pulsera de donde estaba encima de un pedazo de algodón blanco que rellenaba la caja hasta los bordes y la examinara más de cerca.

Parecía que le gustó el estilo, o al menos así lo pensé, cuando me di cuenta de los bordes exteriores de sus labios que se rizaron, pero duró sólo un segundo antes de recordar dónde estaba. Extendí la mano y se la quité con suavidad, la apertura de la hebilla de plata que unía el cuero negro y liso antes de que lo levantara de una manera que dejó claro que estaba pensando en ponérselo. Con el tiempo extendió su brazo izquierdo para poder fijarlo en su muñeca, asegurándose de que la palabra estuviera verticalmente para que la pudiera leer. Le queda más como banda que como brazalete, ya que se aferra a su piel y no deja que se cuelgue o gire alrededor de su muñeca.

"¿Qué significa?", Se preguntó después de que pasó un minuto mirándola, confundido por la relevancia de la palabra de alguna manera.

Extendió la mano y agarró la canasta de día de campo de detrás del lado de mi cerca con curiosidad antes de sacar el pastel. Era sencillo y pequeño, redondo con glaseado blanco y un borde negro alrededor del borde de arriba. Le había pedido a la mujer de la panadería que escribiera la palabra AMOR en la formación de hielo de color rojo y cuando lo puse delante de él, parecía frustrado. Él me miró para que le diera una explicación, pero no podía decir nada sin embargo, no por otros diez minutos... me di cuenta, ya que miró el reloj. Dejó escapar un suspiro exasperado antes de hablar otra vez.

"¿Amor?," se preguntó inquisitivamente. "¿Qué, piensas que... me amas?" Preguntó incrédulo, tratando de averiguar lo que estaba pasando, y mi falta de capacidad para hablar con todos francamente empezaba a molestarle después de las cuatro semanas de acoso que le habían seguido hasta esta noche.

"¡Mierda de toro! Tu ya no me conoces," dijo con dureza y me estremecí, porque, en cierto modo, tenía razón. "¿Qué carajo Justin? Es decir que éramos muy buenos amigos, buenos amigos, y luego ¡mierda! se te ocurre besarme, y después... desapareces de mi vida con un carajo como si nada hubiera pasado, y ahora...ahora quieres que yo crea que me amas?”

Asentí con la cabeza, todo era verdad, cada palabra punzante que acababa de decir. Esto no iba bien, pero luego cuando me estaba hablando, aunque haya sido la dura realidad de nuestra situación, le provoca una frustración. Deseaba tanto decirle cómo me sentía, cuánto lo sentía por dejar que mi miedo y la duda nos privaran tanto de la mejor amistad que jamás había conocido.

Tuve ... ocho minutos más ... ocho minutos más de silencio antes de que finalmente pudiera darle la verdad que le ofrecía . Con mis ojos le supliqué, le rogué que tuviera paciencia conmigo, que solo me diera una oportunidad, que esperara ocho minutos antes de que me dijera vete a la mierda para siempre, y esperaba desesperadamente que después de decirle la verdad, la verdadera razón por la que lo abandoné, a él y a nuestra amistad, que estuviera dispuesto a aceptar esa verdad y no me odiara o se disgustara conmigo.

Esperando que él me amara igual, como le he amado desde que teníamos doce años.

"Quiero decir, ¿cuál es el trato de todos modos?," replicó. "En primer lugar, te fuiste, y desde entonces no me hablas y luego finges creer que ni siquiera existo, y después de cuatro años, cuatro años Justin, te apareces de la nada y esperas que te perdone. ¿Qué diablos es eso?"

Bueno él estaba molesto. Eso era de esperar, y comprensible totalmente, su reacción estaba más que justificada, y era cada vez más difícil no decirle en este momento lo que estaba pasando, pero tuve que esperar seis minutos más. Me hice una promesa y la misma que cumpliría, y esperanzado que después de seis minutos Lucas pudiera entenderlo.

"De cualquier modo. ¿Por qué no me dejas en paz, entonces?," preguntó antes de responder "Oh, está bien, porque me amas," dijo con sarcasmo mientras rodaba sus ojos. Me estremecí de nuevo, no te echas para atrás ¿o sí?

Miró hacia la noche, preguntando por qué incluso llegó aquí en primer lugar, y extendió la mano, apuntando en el cielo las estrellas. Pasamos muchas noches mirando juntos las estrellas, acampando en el patio trasero, seguro de que íbamos a llegar a verlas de cerca un día, y pidiendo en secreto deseos también, o al menos yo. Parecía confundido, pero de buena gana tomó la distracción de tratar de averiguar por qué estaba siendo tan obstinado en la actualidad.

Solía desear de que pudiéramos ser amigos para siempre, tan difícil como es imaginar cuando se tienes doce años, que siempre lo tengo en mi vida, que podía amarlo para siempre y nunca estar sin él. He encontrado muy pronto sin embargo, que me he quedado atrapado en una vida rota y no podía meter la cabeza en la tierra como el avestruz. Mi única salida fue huir de él ultimadamente.

Quité el pastel, poniéndolo de nuevo en la canasta por el momento antes de quitar una tarjeta que le había hecho. Era simple, pero yo esperaba que demostrara que me había dado cuenta de cosas de él y de cómo se aplican a mi propia vida como cuando me sentaba frente a él todas las tardes. Estaba hecha de papel negro de construcción y le pegue un corazón rojo, igual que el de su patineta con la grieta que recorre desde el centro, hasta el frente.

A un lado del corazón decía Lucas y al otro lado de la grieta decía Justin, pero en vez de la palabra MISTERIO, como en su patineta, decía, VERDAD. Le entregué la tarjeta y se encogió de hombros recibiéndola de mí como si tuviera algunas respuestas tal vez para él desde que empecé a ser menos informativo. Tomé prestado algunas letras de canciones y los utilicé dentro de la tarjeta, ya que encaja perfectamente en mis sentimientos. Abrió la tarjeta con el pulgar y la leyó.



Verdad

Querido Luke,

Todos los días chocaron entre si
Uno menos perfecto que el siguiente
Me he quedado atrapado dentro de la vida de otra persona y siempre me quede en segundo lugar
¡Oh, Te amo ahora, porque ahora me doy cuenta de
Que a fuera es seguro vivir en mi identidad.

Así que si estás escuchando
Hay mucho más de mí que no has visto
Viviendo en la sombra
del sueño de alguien más
Tratando de encontrar una mano que sostener, pero cada toque para mí era frío.

Estoy viviendo en un nuevo día
Lo vivo para mí
Y ahora que estoy ampliamente despierto
Sí, por fin puedo ver que me libero de mis cadenas.

Yo te amaba, Justin.


Cuando sus ojos se encontraron con los míos, que estaban ampliamente abiertos a la posibilidad. Estoy seguro de que hubo un millón de maneras de poder interpretar lo que acababa de leer, esperanzado de que en el minuto que había tenido en silencio, que yo podría seguir siendo fuerte y mantenerme con el valor que había encontrado, el mismo coraje que sentí esa tarde por primera vez en el parque cuando me senté frente a él bajo el árbol en vez de correr un poco más.

Estaba viendo la cara, la reacción que estaba teniendo al leer esas palabras y la expresión de preocupación que llevaba me dijo que necesitaba algunas aclaraciones, que tenía algunas preguntas que estaba seguro que quería responder al mirar el reloj una vez más. Yo vi caminar la manecilla del segundero, como cuando esperaba el Año Nuevo llegar, y en cierta manera si lo esperaba, pero mi nuevo año comenzó hoy, cuando me prometí que haría esto, y ahora estaba a la espera de ver si Lucas Ridgemont iba a ser parte de mi vida y mi año nuevo o no.

Cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve ...

"Soy gay Luke, y te amaba ... y lo siento, más de lo que podrías saber, por ser tan egoísta y tan asustado, tan estúpido, fingiendo que no te conocía y que iba a cambiar eso."

En los primeros diez segundos del nuevo día, de su cumpleaños, le dije más de lo que a nadie le había dicho sobre el tema desde aquella tarde en su habitación. Él sólo se sentó frente a mí, atemorizado por la explicación que ha recibido por fin después de cuatro largos años, y vi que abrió su boca y luego la cerró lo hizo varias veces en un esfuerzo por decir algo, pero incapaz de encontrar algo apropiado para decir.

"Me gustaría ser más valiente, como tú, o más inteligente, y me gustaría poder dejar a tras todo el daño, dolor, confusión y soledad, pero no puedo, no yo," le dije avergonzado antes de que el aire fresco de la noche llegara a las lágrimas que fluyen en silencio por mis mejillas.

"Tú no eres estúpido," dijo firmemente, como siempre lo había hecho, cuando insistió que no me llamara así, se trataba de la única vez que le creería. Se sentía muy bien escuchar que lo decía otra vez, y yo no podía evitarlo cuando impulsivamente me eché en sus brazos por todos esos abrazos perdidos de cuatro años. De pronto me retiré de nuevo a mi lado de la manta, sin embargo, cuando sentí que su cuerpo se ponía rígido contra el mío, y se me ocurrió que tal vez él no estaba bien conmigo siendo quien soy ahora, o que soy ahora.

"Deja de llorar Justin," dijo casi como si no fuera una petición y junto con un suspiro de algo estrechamente relacionado con la agresión. "¿Qué quisiste decir cuando dijiste que me amabas?"

Me pregunté qué era específicamente lo que quería decir cuando dije, "Yo quise decir exactamente que, Yo te amaba. Al ver que, la forma en que me miró con nada más que la apreciación total de nuestras diferencias, en lo absoluto no tenía miedo de mí, y que tenía total confianza en mí, me encantó eso. Y te amé."

"No entiendo entonces," admitió. "¿Si sabía que no tenía miedo de ti, que yo confiaba en ti, no importara qué, por qué corres y no me das la oportunidad de demostrar que podías confiar en mí, de que yo te ame también?" el preguntó, los años de dolor se hacen claramente presentes en su voz.

"¿No ves? Si yo no te reconozco y mi amor por ti, tal vez... tal vez no tendría que reconocer que yo era gay tampoco," explique, tratando de no sentirme tan ridículo como sonaba.

Después de un minuto de una cuidadosa consideración, dijo, "Sabes que es una excusa pobre, ¿verdad?,", mientras hizo sus ojos rodar. Asentí con la cabeza, lo sé ahora. "Entonces, ¿por que no pudiste hablar con migo antes?  Es decir que finalmente vine aquí para hablar contigo ¿y tú no quieres hablar conmigo?"

"Día de Silencio," le dije. "Pero terminó a la medianoche y ahora es tu cumpleaños," señalé.

"Si es verdad," el estuvo de acuerdo.

"¿Pastel?" Le ofrecí de nuevo. "Es tu favorito, o... lo que solía ser su favorito de todos modos."  Dije tímidamente. Me sentí casi ridículo no saber nada de lo que había sucedido en los últimos cuatro años o lo que le gustaba o disgustaba ahora, mientras hizo una mueca retadora.

"Y ¿eso podría ser?," Me interrogó, su sonrisa intrigante.

"¿Zanahoria?" Le contesté, de repente no estaba seguro de lo que yo creía que sabía.

"Bueno, esta vez tú ganaste, y sí seguro, y creo que se supone que comeremos pastel en tu cumpleaños, aunque ya son... casi las doce y media de la mañana y ni siquiera tiene escrito Feliz Cumpleaños en el pastel," bromeó.

Saqué el pastel de nuevo, esta vez sonrojándome cuando vi la palabra AMOR, antes de pedir, "¿Chocolate caliente?"

"¿Con el pastel de zanahoria?"El Preguntó. "Tal vez después," sonrió. Corté y serví dos pedazos de pastel antes de darle un plato.

"Oh, ten cuidado. La chica en la panadería, dijo que el glaseado podría pintarte la boca de negro," dije antes de que pudiera encontrar otra razón para estar enojado conmigo. Me imaginé que no le gustaría mucho caminar con la boca negra en su cumpleaños, ¿Oh qué sabía yo?

"Esto es muy dulce Justin," dijo después de algunos bocados.

"¿Lo es?" Le pregunté, ya que parecía que el pastel de zanahoria era común.

"Sí, la forma en que planeaste todo esto... eres muy dulce también", añadió, y la forma en que sus labios rozaron suavemente los míos, muy brevemente, me dejó sonrojado. Me extendió la mano, sintiendo el lugar en mis labios cuando los suyos había tocado los míos y me sonrió por mi impresión antes de decirme, "Come tu pastel."

"Entonces, ¿qué es esto de la cosa del Día del silencio?" Se preguntó en voz alta.

"Bueno, es como un día festivo... más o menos. Me prometí que iba a hacerlo durante el día de hoy en silencio, para honrar y apoyar la tolerancia y la aceptación, incluyendo la auto-aceptación, y superar la homofobia y los prejuicios, y, en general, apoyar el derecho de todo ser humano de ser ellos mismos, en paz. Ayer fue el Día del Silencio, pero para mí, era más que eso. Era mi hora de la verdad, mi día de hacerle frente a la persona que había ofendido tan mal durante mucho tiempo, la persona que amé," yo lo admito.

"¿Amado? Como si ya no me amaras ", Preguntó casi con tristeza.

"¿La verdad?," Pregunté, sonriendo ligeramente en la conexión obvia.

"La verdad," estuvo de acuerdo.

"Realmente me gustaría averiguar," le dije esperando que él no pidiera saber lo mal que se ruborizaba al claro de luna", porque así te ves muy caliente."

"¿Sí? Bueno, podríamos acampar como solíamos hacerlo, y tal vez trabajar en eso," sugirió.

Asentí con la cabeza antes de que se levantara para ir a buscar otras cobijas en la casa, ese deseo le pedí a la estrella la última vez.
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© Este cuento y las imágenes que se publican aquí con el permiso de Viv. Esta historia de ficción Día de Silencio (Days of Silence) y la imagen son propiedad del autor y no deben ser copiadas o publicadas en otros lugares sin el permiso escrito del autor. Todos los personajes y las tramas son ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia y debe tenerse en cuenta como tal. Haga clic aquí para ir a las páginas de Cuentos por Viv (en ingles).

Nota del Autor: Para mi colaborador, mi cariño, mi hermanito y mejor amigo... Gracias Davey. Un agradecimiento especial a Eric por sus opiniones creativas y consultas.

A cualquier otro. Espero que hayas tenido una buena lectura. Dar sus comentarios es siempre apreciado en
viv.stories@hotmail.com

Traducido por F. V. V, Gary Lynn Holloway y Guillermo de la Rosa González 

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