(Inicio-Mi Biografía)                  Historias Verdaderas, Trágicas e Innecesarias de Suicidios entre Jóvenes Gay                 (English)

La parte 2 (página 25 de 25)

1 de abril de 2007
El Times de Nueva York (New York Times)
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EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Cómo Aceptar La Identidad Gay y Lograr Fortaleza

por MICHAEL WINERIP

MADISON, Estado de Connecticut, E.U.A.
Un mes antes de que Zach O’Connor, un muchacho del séptimo grado de la escuela secundaria Brown, dijera públicamente que era homosexual, se encontraba tan perturbado y confuso que, en medio del aula, se puso de pie y en una voz que todo el mundo pudiera oír, invitó a salir a una chica. Era el día de San Valentín de 2003 y Zach tenía 13 años.

—Lo hice para sobrevivir —comenta—. Era lo que hacían los otros muchachos: salir con chicas. Así que yo también tenía que conseguirme una.

Zach temía que sus padres se enteraran de la verdad. Sabía que su padre había estado buscando en Google una palabra que comenzaba con “g”, y aparecieron muchas búsquedas recientes de palabras que comenzaban con esa letra, incluida la palabra “gay”.

—Me preguntaron, "¿sabes lo que significa ser gay?" —recuerda—. Intentaban explicarme que no había nada de malo en ello. Yo me tapé los oídos con las manos y grité: "No quiero saber nada. ¡Yo no soy gay!"

Cindy y Dan O’Connor estaban muy preocupados por Zach. Si bien era un chico muy inteligente, le estaba yendo bastante mal en la escuela. En casa, siempre estaba buscando pelea, golpeaba las puertas y explotaba sin razón. Los padres no hacían más que preguntarse cómo podía ser que sus dos hijos fueran tan diferentes. Matt tenía sólo un año y medio menos que su hermano y era un chico tranquilo y feliz, mientras que Zach era completamente desdichado.

Pero los O’Connor presentían algo. Dan O’Connor es director de un desarrollo comercial para American Express, y su esposa es vicepresidente senior de un banco. Ambos tienen compañeros de trabajo homosexuales, jefes homosexuales y compañeros de clase que se reconocieron como gays después del colegio. Desde que Zach era pequeño se dieron cuenta de que no era como los demás niños. Todos sus amigos eran niñas o niños muy tímidos.

—A Zach no le interesaba jugar a la pelota—comenta Dan. Sin embargo, su verdadera preocupación era la furia de su hijo, su infelicidad, su baja autoestima. —Solía decir que no era inteligente y que no era como los demás niños—agrega su madre. El psicólogo de la secundaria comenzó a verlo todos los días.

El sufrimiento que Zach causaba no era nada comparado con el que él mismo sufría. Según él, ya desde el jardín de niños sabía que era diferente a los demás, pero no sabía cómo explicarlo, así que se lo guardaba para sí. Intentó participar en algunos deportes pero, según sus propias palabras, “No se me daba muy bien, porque no podía aprenderme las reglas”. En quinto grado, cuando los niños en el recreo hablaban de las niñas que les gustaban, Zach no mencionaba nunca a nadie.

En sexto grado ya sabía lo que quería decir la palabra “gay”, pero no se le había ocurrido asociarla con él mismo. Cuenta que ese año se enamoró de un niño de octavo: todo un atleta heterosexual, y que sabía que, fuera lo que fuese lo que sentía, no debía comentarlo con nadie. Pensaba que algo en él, como ser humano, estaba descompuesto. —Llegué a pensar en suicidarme —se explaya.

Luego, por algún motivo que ni él mismo puede explicar y como un acto de pura desesperación después de su "cita" de San Valentín ("la realidad es que nunca llegamos a salir... sólo caminamos juntos alrededor de la escuela"), en medio de una clase de matemáticas, le confesó a una amiga que era gay. Al finalizar el día, toda la escuela lo sabía. El psicólogo lo llamó.

—Me puse a llorar —recuerda—. El psicólogo me dijo: “sí, es verdad". Y toda la depresión comenzó a emanar... Era todo tan confuso...

Esa noche, cuando su madre llegó del trabajo, se asomó a la habitación de su hijo para saludarlo. Yo le dije: "Mamá, tengo que decirte algo. Soy gay".

—Muy bien, ¿algo más? —me respondió ella.

—No. Acabo de decirte que soy gay—insistí.

—Me parece bien. Nosotros de cualquier manera te queremos —me dijo. Y yo pensé: "¿Eso es todo?". Me había preparado para un momento muy dramático.

Cindy recuerda que su hijo le preguntó: "Pero... ¿no vas a poner el grito en el cielo?". Y sólo le respondí que era su decisión elegir a quien amar; que yo tenía a su padre, y que él tenía que decidir lo que fuera mejor para él. Luego, me pidió que no se lo contara a su papá.

—Por supuesto que se lo dije —continúa Cindy.

—A pesar de todas nuestras fallas —prosigue Dan—, estamos en esto juntos.

El hecho de que su hijo hubiera expresado su homosexualidad tan joven, representó mucho trabajo para sus padres. Le buscaron un terapeuta gay que vivía a poco más de 30 kilómetros de New Haven y que les ayudó a encontrar un grupo de jóvenes gays, OutSpoken, a una distancia de 50 minutos en coche, en Norwalk.

Dan Woog, un escritor y viejo entrenador de futbol soccer de Staples High en Westport, ayudó a fundar OutSpoken en 1993. Woog recuerda que durante los primeros diez años, los miembros típicos del grupo tenían entre 17 y 22 años.

—Solían llegar diciendo: Soy gay. Mi vida está acabada —comenta Woog—. Uno de ellos casi se desmayó al entrar por la puerta.

Pero en los últimos años, los chicos tienen entre 14 y 17 años, y tienen mucha más confianza. Hoy llegan y dicen: ‘Hola, soy gay. ¿Alguien sabe cómo puedo conocer más gente?’

Durante los primeros diez años, Dan Woog nunca vio a los padres; las reuniones se hacían de 4 a 6 de la tarde, los domingos, para que los miembros pudieran salir de sus casas sin despertar sospechas. Hoy, los padres muchas veces acompañan a sus hijos a la primera reunión.

Según él, los adolescentes comienzan a reconocer su homosexualidad más temprano porque Internet los hace sentirse menos solos y ven modelos positivos en los medios de comunicación. Cuenta Zach que se pasó toda la primera sesión de la terapia hablando de los personajes gays de la serie de televisión “Will y Grace” para ver las actitudes del terapeuta antes de hablar de sí mismo.

Así y todo, el séptimo grado no fue nada fácil.
 
—Solíamos oír a los niños gritándole "homosexual" mientras esperaba el autobús para ir a la escuela —relata Dan. Los compañeros de Zach le tiraban lápices y no paraban de burlarse de él.

—Un chico solía perseguirme todo el tiempo gritándome "maricón" —recuerda—. Después de un mes de acoso, me di vuelta y le pegué en la cara. Por fin guardó silencio y se marchó, mientras yo le decía: "¿Ves? Te ganó un maricón".

La familia O’Connor comenta que los profesores y la dirección de la escuela secundaria se portaron fenomenal y que en octavo grado todo cambió. Zach tenía permiso para salir 15 minutos más temprano e ir a la prepa Daniel Hand, al otro lado de la cancha de fútbol, para asistir al club de homo y heterosexuales. Ahora que sabía quién era, por lo que podía pensar en su futuro y encontrarle sentido a la vida. Sus calificaciones mejoraron. Comenzó a tener amigos. Una vez, para un trabajo sobre los héroes, una compañera de clase escribió sobre él, y Zach utilizó este escrito para contarle la situación a su tía Kathy.

Seguía sin ser un buen atleta pero, para sorpresa de su familia, al declararse gay descubrieron que tenía una hermosa voz y ganó el premio a la mejor voz de la secundaria.

Su padre lo llevó a una conferencia de gays y lesbianas en el estado de Connecticut, New Britain, y Zach quedó impresionado con la cantidad de gays que había en un sólo lugar. Luego, su terapeuta lo llevó a una noche de Bingo Gay que se celebraba en la iglesia St. Paul, en Norwalk, donde se recaudaban fondos para la lucha contra el SIDA. Zach se hizo habitual del lugar y a los pocos meses lo nombraron Miss Simpatía.

—Me coronaron con una tiara y un lazo, y yo comencé a caminar por la sala, saludando a todos —recuerda—. Seguía siendo un niño tímido de 14 años con frenos. No había alcanzado todavía mi madurez social, pero todos me ovacionaban. Yo era el futuro. La mayoría de los hombres allí eran de mediana edad o mayores, y el hecho de ver a un niño de 14 años declarar abiertamente su homosexualidad... creo que les encantó. Estaban muy felices —se explaya.

Ahora, como adolescente de 17 años que está en el 11º grado, Zach ha pasado ya por fases que muchos gays de las generaciones anteriores no alcanzaron sino hasta los 20, los 30... e incluso los 40.

—El octavo grado fue algo así como su época de militancia —expresa su padre.

—Por todos lados había un arco iris —agrega su madre.

Hoy en día, Zach está tan ocupado que casi no le queda tiempo para el club de gays y heterosexuales. Participa en varios grupos de canto y teatro, y está haciendo un curso para preparar sus exámenes finales y la prueba de aptitud académica (SAT).

—Estoy tan acostumbrado a la idea, que en realidad ya no necesito el club como recurso —nos explica—. No voy a decir que soy una persona popular, pero me llevo bien con casi todo el mundo. En el segundo año, mi vida social despegó.

En los grupos de música hizo sus primeros amigos heterosexuales.

—No tenían miedo de mí —comenta—. Les caía bien.

Su hermano, Matt, cuenta que a veces los niños se acercan a preguntarle cómo es eso de tener un hermano gay.

—Yo digo que es normal... ya no pienso en eso —responde.

Sus padres están contentos de que Zach se sienta feliz.

—Poder reconocerse como homosexual fue lo mejor que le pudo pasar —comenta su madre—. Siempre le preguntamos por qué no lo hizo en quinto grado.
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Un Relato Corto de Jóvenes Gay ♂♂
Dios Me Hizo Así por Grant Bentley - La Iglesia esta causando mucha confusión a Zack. Su nuevo pastor no predica nada sino odio y la condenación de gays y de lesbianas, pero no importa como cuidadosamente el lee su Biblia, no puede encontrar donde dice que Dios le odia a el. ¿Cambiarán las cosas cuando el novio de Zack, Billy sugiere que todos se vayan a su iglesia en su lugar?  Clic aqui o en la imagen para leer el relato.

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EL SERMÓN

El  mejor  sermón  que  usted  y  yo  oiremos  o  leeremos  sobre  la  siguiente  pregunta:

"¿Es la homosexualidad un pecado?" por Rev. Dr. Kathlyn James.
Esto resume todo de lo que se trata este sitio de Internet. Clic sobre el título de arriba o la imagen para leer.
 


La Prueba de que La Homosexualidad No Es Una Opción: ¡Pruébate!

Así que Haz Clic Aquí para ver de qué se trata la prueba y además ver evidencias científicas y médicas (este parte en inglés) que confirman que la homosexualidad no es una opción. También en la misma página
"Darse Cuenta de Que Uno Es Diferente a Los Demás, Todo Lo Que Pasa Un Adolescente Gay o Lesbiana"


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El Mensaje Cruel y Estúpido de la Iglesia Católica Romana y los Cristianos Conservadores para Una Persona Gay es:
Estas Solo, Vives Solo y Mueres Solo

 


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